Relatos de sexo madre hijo

Y pensé que sería lógico que me hijo se fijara en mi, despues de todo soy la mujer mas cercana q tiene y soy bastante atractiva. Así que deje que lo siguiera haciendo al menos por un tiempo. En ese tiempo puse mas atención en su conducta conmigo, note por ejemplo, que me veía el escote muy seguido, o se volteaba a ver mi culo, incluso que me sacaba fotos. Revisé el computador de la casa a fondo, para ver si tenía fotos de mi ahí, pero no encontre nada, asi que me propuse a revisar su celular, no estaba bien, pero la curiosidad me ganaba.

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Una noche mientras dormía entre a su pieza y saque su celular, saque su tarjeta sd, y la puse en mi celular, y grande fue mi sorpresa. Estaba repleta de fotos y videos mios, recuerdo que estaba transpirando de calor, no recuerdo si fue extación o no lo que sentía, por lo nerviosa q estaba, pero siempre que me pongo nerviosa, algo pasa en mi vagina y empieza a mojarse. Otra vez mientras tomaba sol en el jardín en topless, pensando que estaba sola, en determinado momento me dio la sensación que me observaba, creo que me atrajo la idea y hasta sentí una especie de estimulación.

Cuando me levanté para entrar en la casa, noté algo de semen cerca de la puerta corrediza, era evidente que mi cuerpo le producía excitación, de lo que me sentía alagada.. Todo esto no se desencadenó de un día para otro, sino que llevó un periodo prolongado.

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Una noche me propuso ver una película, si bien no soy demasiada amante de ver televisión, acepté, me puse el camisón, con el propósito de apenas tener sueño me iba a acostar. Su boca no tardó en chupar mi pezón, mientras mi mano batía el largo de su aparato genital, no me podía detener en lo que estaba haciendo, su boca succionaba mi tetilla mientras mi mano no se detenía de su alterado falo.

Nuestros cuerpos se apretujaban aumentando las tensiones en nuestros cuerpos que iban acrecentando la adrenalina. Permanecimos un rato quietos y abrazados durante un corto periodo, hasta que me levante para higienizar mi mano, y sin decir palabra me dirigí a mi alcoba, sin quitar de mi mente lo sucedido.

Me costó conciliar el sueño, a raíz que tenía presente dicho desenlace en mi mente, estuve a punto de levantarme e ir a su cama, pero me contuve de realizarlo, a pesar de que al acercar mi mano a mi cara percibí aun el olor del esperma de mi hijo. Me costó dormirme, pensando en ese momento, y oliendo mi mano termine por dormirme. A la mañana siguiente me levanté como siempre a preparar el desayuno, con la diferencia en que no me puse la bata, creo que fue intencional al no hacerlo.

Mientras preparaba el café y las tostadas, Matías se acerco sigilosamente, rodeando mi cintura, mientras besaba mi cuello, un leve escalofrió sacudió mi cuerpo.

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Levantó suavemente mi corto camisón para acariciar mi vientre, me quedé paralizada, mientras sus manos recorrían mi piel, y mi cuerpo comenzaba a alterarse, hasta que sus manos tomaron fuertemente mis tetas oprimiendo mis tiesos pezones. Sentí que mis jugos vaginales comenzaban a fluir, mientras sus palmas exploraban mi excitado cuerpo, a la vez que percibía su verga erecta, posarse ansiosamente sobre mis posaderas.

La debilidad de mi cuerpo se fue entregando a las presunciones de mi hijo adolescente. Si bien no llegué a tener un orgasmo, lo mantuve abrazado, con su aparato bastante erecto en mi vulva. No estaba arrepentida, todo lo contrario, había hecho debutar a mi hijo, y hasta me sentí presuntuosa de que habría sucedido así.

Apenas terminamos de merendar, Matías pretendió volver a tener sexo, lo disuadí en su intención diciéndole. Sabía que había encendido la mecha, era muy difícil apagarla, pero puse todo mi empeño en no volver a repetirlo, pero el diablo siempre mete la cola. Un día después de bañarme, estando frente al espejo, pensé en afeitar mi pubis, así que me rasuré hasta ver esa zona libre de vellosidad, permitiendo ver mis labios inferiores, no sé si lo hice con doble intención, para mostrarle a Matías que podría agradarle, aunque eso equivaldría a retomar un nuevo encuentro.

Matías siempre fue un chico meloso, hasta que obtenía su objetivo, así que trataba de seducirme para tener un nuevo encuentro, oponiéndome a pesar que me atraía repetirlo. Un día al llegar Matías del colegio, estaba hablando con un amigo, nunca habíamos llegado a nada, aunque sabía que me pretendía. Me reía de sus ocurrencias, mientras que mi hijo con mala cara escuchaba mis comentarios jocosos. De repente se dirigió a su dormitorio, pegando un portazo, sin aparente motivo, que al finalizar mi charla, me dirigí a su alcoba, traté de que me explicase su aparente enojo, sin tener una respuesta, sin insistir demasiado me fui a la cocina a preparar el almuerzo.

Apenas finalizamos la comida se fue a su cuarto nuevamente sin decir palabras.

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